Veinticuatro pisadas fósiles en Victoria, Australia revelan que hubo dinosaurios en la nieve: grandes carnívoros y pequeños herbívoros que vivieron cerca del Polo Sur cuando el hielo cedía
La imagen típica del Cretácico contiene selvas, calor y dinosaurios sudando la gota gorda. Sin embargo, la paleontología lleva tiempo avisando de que algunos dinosaurios se las arreglaron en latitudes extremas, con luz y oscuridad estacionales y un clima más fresco. En Australia, y en particular en el estado de Victoria, los hallazgos de huesos y dientes ya sugerían fauna “polar” de hace más de 100 millones de años, pero faltaba una prueba directa de quién caminaba por allí, y cuándo lo hacía.
Ahora esa prueba llega en forma de huellas. Un equipo internacional ha identificado 24 pisadas fosilizadas en la Formación Wonthaggi, en la costa de Bass, al sur de Melbourne, un lugar que en el Cretácico temprano formaba parte de un paisaje unido a la Antártida. Las marcas, datadas entre 120 y 128 millones de años, muestran que grandes dinosaurios terópodos, carnívoros bípedos de tres dedos, recorrieron una llanura de inundación en un entorno polar, probablemente durante los meses más templados, cuando el hielo se derretía.
Los investigadores encontraron las huellas conservadas en sedimentos de llanuras aluviales junto a areniscas de canales, un tipo de “barro congelado en el tiempo” que guarda muy bien el paso de animales. La escena que dibujan suena sorprendentemente familiar: el deshielo primaveral alimenta crecidas estacionales, el terreno se ablanda, alguien pasa, y la naturaleza hace el resto con paciencia geológica. En este caso, paciencia de 120 millones de años.
De las 24 huellas, 18 pertenecen a terópodos. Varias miden entre 18 y 47 centímetros, una diferencia que apunta a individuos jóvenes y adultos rondando el mismo paisaje. Dicho en lenguaje llano, no se trata solo de un “turista” despistado que apareció por allí, sino de animales que usaban la zona de forma repetida, quizá como parte de un ciclo estacional. Los terópodos se reconocen por sus dedos marcados y sus uñas afiladas, la firma clásica de un depredador que no necesitaba tarjeta de visita.
Dinosaurios en la nieve encontrados en Australia
Las otras cuatro huellas se atribuyen a ornitópodos, dinosaurios herbívoros más pequeños, también bípedos, que dejaban pisadas distintas. Lo llamativo es que se trata de la primera vez que se identifica a estos herbívoros en la Formación Wonthaggi. Su presencia, junto a la de terópodos de varios tamaños, refuerza una idea tentadora: estos dinosaurios no solo pasaban, sino que pudieron criar allí. El equipo interpreta que las huellas juveniles sugieren que “Estos dinosaurios podrían haber anidado y criado a sus crías en el entorno polar”.
La investigación la lidera el paleontólogo Anthony Martin, de la Universidad de Emory, en colaboración con Thomas Rich, de Museums Victoria, y Patricia Vickers Rich, de la Universidad de Monash, entre otros especialistas. Rich lo resumió con claridad al hablar del valor de estas marcas: “El descubrimiento de numerosas huellas de terópodos en las rocas cretácicas de Victoria es la mejor prueba hasta la fecha de que estos antiguos entornos polares albergaban una gran variedad de dinosaurios, incluidos grandes carnívoros que probablemente se alimentaban de dinosaurios más pequeños, peces y tortugas”.
El hallazgo también se apoya en décadas de trabajo del Dinosaur Dreaming Project, una iniciativa activa desde los años 70 que ha sacado a la luz buena parte del pasado dinosauriano de Australia. En esta historia aparece además una figura clave, la buscadora voluntaria Melissa Lowery, a la que Martin dedicó una comparación tan divertida como exacta: “Mientras muchos de nosotros estábamos en casa viendo reposiciones de «Jurassic Park», ella estaba fuera buscando huellas de dinosaurios… Yo lo llamo ‘icnovisión’. Es su superpoder”, dijo, usando un guiño a la icnología, la ciencia que estudia rastros como huellas y madrigueras.
Lejos de cerrarse, el mapa de este ecosistema polar cretácico sigue abriéndose. “Seguimos descubriendo más huellas en la zona. Cuantas más encontremos, más clara será la imagen que esperamos obtener de estos antiguos ecosistemas polares”, añadió Martin. En otras palabras, todavía quedan páginas por leer en esa arena antigua, y esta vez el “polo” no viene con pingüinos, sino con garras.
REFERENCIA
Imagen:ID 368463316 | Dinosaurs Snow © Michael Hieber | Dreamstime.com Los dinosaurios atraviesan un terreno helado bajo un sol resplandeciente en invierno. Generado por IA.