Un nuevo estudio corrobora que es malo poner el aire acondicionado todo el tiempo, pero no por lo que crees, tiene que ver con el termostato interno del cuerpo  

En pleno agosto, con las calles que arden, entras en la oficina y te recibe un frescor polar, y tu cuerpo descansa, deja de luchar para enfriarse. Todo va bien hasta que sales a mediodía y el asfalto parece una plancha, y entonces parece que has entrado en el infierno y te sientes peor que nunca.

A mucha gente le ocurre lo mismo: el calor “de fuera” se siente cada verano más violento, aunque el termómetro marque lo de siempre. La razón no está solo en el clima, también en el entrenamiento. Igual que las piernas se atrofian si nunca subes escaleras, tu sistema de termorregulación se vuelve perezoso si vive siempre en una burbuja templada.

¿Es malo poner el aire acondicionado todo el tiempo? Depende

Un estudio ha comparado a personas que pasaban la mayor parte del tiempo en espacios con aire acondicionado con otras que vivían y trabajaban en lugares ventilados de forma natural, expuestos a cambios reales de temperatura. Eran 20 participantes, 10 en cada grupo, y el experimento los llevó a una cámara climática preparada para un “golpe de calor” repentino, una subida brusca diseñada para obligar al cuerpo a defender su temperatura.

Los investigadores midieron la temperatura de la piel, la tasa de sudoración, la variabilidad de la frecuencia cardiaca y una proteína de «choque térmico» llamada HSP70. Esta proteína actúa como equipo de mantenimiento celular cuando el calor aprieta, ayuda a estabilizar y reparar proteínas dañadas por el estrés térmico.

El resultado nos coloca en un dilema: el grupo de ventilación natural reguló mejor el golpe de calor que el grupo del aire acondicionado. Sintieron menos incomodidad y su fisiología reaccionó con más soltura. En el grupo con aire acondicionado, la respuesta fue más lenta y más forzada, como si el cuerpo dudara un segundo antes de decidir qué palancas mover.

La adaptación al calor que el aire acondicionado entorpece

Esto encaja con lo que se sabe sobre la aclimatación al calor: cuando te expones de forma repetida, el cuerpo ajusta el “software” de refrigeración. Empiezas a sudar antes y con más eficiencia, la sangre circula de forma más estable y aumenta el volumen de plasma, lo que reduce la carga sobre el corazón cuando sube la temperatura. Esto marca la diferencia entre caminar bajo el sol con cara de “bueno, vale” o acabar con la camiseta empapada y el pulso disparado.

El aire acondicionado, por supuesto, salva vidas en olas de calor, sobre todo en mayores, niños pequeños y personas con problemas cardiovasculares. El problema aparece cuando lo convertimos en la norma absoluta y borramos la variación térmica del día, del coche al metro, del trabajo al salón. El cuerpo deja de practicar y, cuando le toca jugar el partido fuera de casa, no da la talla.

Hay además una ironía de época: el calor extremo aumenta y, al mismo tiempo, el planeta instala más aire acondicionado para aguantarlo. Un estudio estimó que la adopción de aire acondicionado en países como Brasil, India, Indonesia y México podría multiplicarse hasta por 16 de aquí a 2040. Cuanto más dependemos del frío artificial, más frágil se vuelve nuestra tolerancia al calor natural, justo cuando más la necesitamos.

REFERENCIA

A comparison of the thermal adaptability of people used to air-conditioned environments and naturally ventilated environments