Las tortugas son uno de los grupos más amenazados del planeta, se han clasificado un 56% de especies de tortugas en peligro de extinción.
Un estudio reciente realizado en la sabana de robles de Ohio y Michigan ha revelado que la pérdida y fragmentación del hábitat de la tortuga moteada (Clemmys guttata) y la tortuga de caja oriental (Terrapene carolina carolina) está afectando a su salud genética, generando problemas hereditarios.
¿Por qué están las tortugas en peligro?
El principal peligro al que se enfrentan estas especies es la pérdida y división de su hábitat, ocasionado por una agricultura agresiva y la construcción descontrolada de infraestructuras.
Con la fragmentación del entorno las poblaciones se quedan aisladas en “islas” de vegetación rodeadas de terrenos hostiles, lo que provoca que las tortugas tengan que recurrir a medidas desesperadas para continuar reproduciéndose. Debido a la falta de parejas no relacionadas, la endogamia se convierte muchas veces en la única opción viable.
La endogamia puede llevar a los que los científicos llaman “depresión por endogamia”. Situación que se produce cuando las crías heredan rasgos genéticos perjudiciales, reduciendo cada vez más su capacidad de sobrevivir o reproducirse. Si no interviene a tiempo, esto puede generar un “vórtice de extinción”, un ciclo donde la población disminuye, se pierde la diversidad genética y aumenta drásticamente el riesgo de desaparición total.
La tortuga de caja
El estudio comprobó que, aunque la tortuga moteada suele vivir en poblaciones más reducidas y muestra mayores niveles de estrés fisiológico, es la tortuga de caja la que estás sufriendo consecuencias genéticas más graves, debido a que tienen un coeficiente de endogamia mucho más alto.
Esto se refleja directamente en el éxito en la eclosión y la supervivencia infantil. Mientras que el 80% de los huevos de tortuga moteada logran nacer, solo el 58% de los huevos de la tortuga de caja eclosionan. En cuanto a la supervivencia infantil, los científicos comprobaron que las probabilidades de que las crías de tortuga de caja sobrevivieran a su primer invierno eran mucho menores que las de las crías de tortuga moteada.
La explicación detrás de estas diferencias está en que las tortugas de caja necesitan áreas mucho más grandes para vivir, encontrar pareja o recursos. Son animales más viajeros, que encuentran barreras infranqueables en las carreteras y senderos que dividen su hábitat, lo que las obliga a reproducirse con parientes cercanos. Mientras que las tortugas moteadas son mucho más sedentarias y cuentan con mecanismos de reconocimiento de parentesco.
Los riesgos de las tortugas españolas
En España solo existen dos especies de tortugas terrestres, Testudo hermanni y Testudo graeca, y ambas cuentan con una población muy reducida que se encuentra en unas pocas zonas del país.
Estas especies son consideradas vulnerables y están al borde de la desaparición en algunas zonas como la tortuga mediterránea en Cataluña. A pesar de haber leyes para proteger estas especies, sus poblaciones han ido disminuyendo a causa de la captura ilegal para tenerlas o venderlas como mascotas, a lo que se suma la pérdida de su hábitat y la amenaza de depredadores.
Al igual que ocurre con las tortugas de caja, las tortugas terrestres españolas se encuentran en riesgo de perder una parte importante de la diversidad genética de la especie por el continuo descenso de individuos.
La conservación de estas tortugas es especialmente importante en la península ibérica, donde las tortugas marinas gozan de una protección más severa y zonas clave para anidar, aumentando su población hasta convertirse prácticamente en una invasión, mientras las tortugas terrestres desparecen de forma silenciosa por amenazas como el comercio ilegal o la destrucción y fragmentación de sus hábitats.
¿Cómo podemos ayudarlas a sobrevivir?
Los investigadores sugieren que, para mejorar las condiciones de vida de estas tortugas y evitar que desaparezcan, lo más importante es la conservación del paisaje:
- Preservar hábitats intactos: mantener grandes extensiones de terreno sin divisiones artificiales para que las tortugas tengan acceso a todos los recursos que necesitan a lo largo de su vida.
- Corredores biológicos: conectar poblaciones aisladas, permitiendo que los individuos se desplacen y encuentren otros ejemplares de otras zonas con los que emparejarse.
Proteger su hogar y permitir que se muevan libremente es la única forma de asegurar que estas especies no se queden atrapadas en un camino sin retorno hacia la extinción.
REFERENCIA