Perder a la persona con la que compartías la vida puede alterar el sueño, la salud, los hábitos y la esperanza de vida, pero la viudez en el hombre es peor que en la mujer

El duelo se nota en el silencio de la cocina. La silla de enfrente sigue ahí, pero ya no cumple su función, y de pronto la vida cotidiana se queda copiloto. El cuerpo, que detesta los cambios bruscos, responde con una mezcla de estrés, desorden y decisiones pequeñas que suman, beber un poco más, moverse un poco menos, dejar de ir a esa revisión médica.

Ese desgaste importa porque el envejecimiento juega con márgenes estrechos. A partir de cierta edad, la salud se sostiene con equilibrios frágiles, la actividad física, el sueño, la alimentación y, sobre todo, la sensación de estar acompañado. La demencia, un conjunto de trastornos que deterioran memoria y capacidad para desenvolverse, no aparece de golpe, sino que suele crecer en un terreno abonado por años de hábitos y vulnerabilidades. Y el duelo, además de emocional, puede convertirse en una sacudida biológica y social. Pero este deterioro no es igual para hombres y mujeres.

Un equipo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston y la Universidad de Chiba ha seguido esa sacudida en una cohorte grande de mayores japoneses. Usaron datos del Japan Gerontological Evaluation Study (JAGES), un estudio nacional con adultos independientes de 65 años o más, y analizaron tres oleadas de información en 2013, 2016 y 2019. En total, reunieron casi 26.000 participantes, y 1.076 pasaron por una pérdida conyugal durante el periodo observado.

La viudez en los hombres y en las mujeres

En vez de fijarse solo en depresión o soledad, evaluaron 37 resultados repartidos en siete dominios, desde salud física y cognitiva hasta bienestar subjetivo, conductas de salud y tejido social. Para no confundir ruido con señal, aplicaron correcciones estadísticas estrictas, el tipo de filtro que reduce los falsos positivos cuando haces muchas comparaciones.

En los hombres, la viudedad se asoció con mayor riesgo de mortalidad y de demencia, además de un empeoramiento del funcionamiento diario, un repunte de depresión y una caída de felicidad y apoyo social que, con el tiempo, tendía a remitir. En las mujeres, en cambio, el golpe fue más corto y más limitado, sin aumento de síntomas depresivos y, en años posteriores, con aumentos reportados de felicidad y satisfacción vital.

Koichiro Shiba, autor sénior, lo resume así: “La pérdida de un cónyuge es un acontecimiento vital traumático que puede tener repercusiones que van mucho más allá del simple duelo”. Y añade: “Descubrimos que los hombres viudos se veían más afectados en casi todos los aspectos, mientras que las mujeres viudas mostraban un sorprendente grado de resiliencia”.

Lo más curioso llegó cuando miraron la vida social. Tanto hombres como mujeres declararon más participación social tras la pérdida, más actividades, más contactos, más “salir”. Pero solo los hombres mostraron una reducción del apoyo social, como si aumentara el número de interacciones sin que eso se tradujera en el tipo de vínculo que sostiene cuando llega la tristeza.

Los viudos: más alcohol, menos compañía

También aparecieron diferencias en hábitos. Los hombres informaron de mayor consumo de alcohol tras enviudar, mientras que las mujeres tendieron a volverse más sedentarias, aunque también mostraron más probabilidad de acudir a revisiones o cribados de salud. No son detalles decorativos, son rutas por las que el duelo puede colarse en el cuerpo.

El equipo apunta a una explicación cultural que suena conocida más allá de Japón. Si la vida del hombre gira más alrededor del trabajo y delega en su pareja el sostén emocional y práctico, la pérdida deja un agujero funcional enorme. Y si muchas mujeres han sido cuidadoras principales, la viudedad puede traer, junto al dolor, una liberación parcial de esa carga, algo que podría empujar el bienestar hacia arriba con el tiempo.

Por eso la ventana crítica importa. “El primer año tras la pérdida de un ser querido parece ser un periodo de especial riesgo para los hombres, por lo que puede resultar útil que la familia, los amigos y los profesionales sanitarios se mantengan en contacto de forma proactiva”, advierte Shiba, junto con vigilar la soledad y estrategias de afrontamiento como beber más. En el duelo, a veces lo que mata no es el golpe, sino lo que cambia después sin que nadie se dé cuenta.

REFERENCIA

Health and well-being after spousal loss among older men and women