El Mitsubishi Outlander PHEV regresa en su cuarta generación con una propuesta singular: un gran SUV familiar capaz de recorrer hasta 85 km en eléctrico, con tres motores y tracción total inteligente. Lo probamos para ver si esta fórmula japonesa tiene sentido en el mundo real.

Hay nombres que cuentan historias. Mitsubishi, por ejemplo, no es solo una marca de coches: significa literalmente tres diamantes. La palabra surge de la unión de “mitsu”, que en japonés significa tres, y “hishi”, que describe una forma de rombo o diamante. La fonética japonesa hace el resto: cuando la “h” queda en medio de la palabra, se pronuncia como una “b”. Así nace Mitsubishi, y también el famoso emblema triangular que aparece en el frontal del nuevo Outlander PHEV.

El modelo que llega ahora a España es la cuarta generación de este SUV de tamaño medio-grande, un coche de 4,72 metros de largo que solo se vende con una motorización híbrida enchufable. Las primeras unidades aterrizaron en el mercado español en primavera de 2025, aunque en otros países se comercializa desde finales de 2021.

Tres motores, 306 CV y hasta 85 km en eléctrico: la receta híbrida del Mitsubishi Outlander apuesta por la tecnología antes que por la cilindrada.

El Outlander actual también es un producto global. Mitsubishi forma parte de la alianza industrial con Renault y Nissan, y este SUV comparte arquitectura y tecnología con el Nissan X-Trail. No es casualidad: en un mundo donde desarrollar coches desde cero es cada vez más caro, las plataformas compartidas se han convertido en la norma.

Aun así, el Outlander conserva personalidad propia. El frontal es robusto, con líneas angulosas y un diseño muy vertical que transmite sensación de fuerza. El perfil mantiene esa estética gracias a unos pasos de rueda musculosos y a unas grandes llantas de 20 pulgadas. En la parte trasera aparecen detalles aerodinámicos como el alerón sobre la luneta o la antena en forma de aleta de tiburón.

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El portón del maletero tiene apertura eléctrica manos libres, una función práctica cuando llegas cargado de bolsas. Y espacio no falta: el maletero ofrece 495 litros, ampliables hasta 1.427 litros si se abaten los asientos traseros. Bajo el piso se esconden compartimentos para objetos y los cables de carga, aunque no hay rueda de repuesto: en su lugar encontramos el habitual kit antipinchazos.


Un híbrido con tres motores

El corazón técnico del Outlander PHEV es peculiar. Combina un motor de gasolina atmosférico de 2,4 litros con dos motores eléctricos, uno en cada eje. El motor térmico entrega 136 CV, mientras que los eléctricos aportan 116 CV delante y 136 CV detrás. El resultado es una potencia conjunta de 306 CV.

La energía procede de una batería de iones de litio de 22,7 kWh, suficiente para recorrer hasta 85 kilómetros en modo completamente eléctrico según homologación. Mitsubishi ha optado además por un sistema de refrigeración líquida, que ayuda a mantener la temperatura de la batería bajo control y mejora su durabilidad.

En teoría, esto permite un consumo oficial de 0,8 litros cada 100 km. En la práctica, como ocurre con casi todos los híbridos enchufables, la cifra depende mucho de cómo se utilice el coche. Con la batería cargada y trayectos cortos se pueden lograr cifras muy bajas; cuando se agota la energía eléctrica, el consumo puede subir a 8 o 9 litros. En nuestra prueba, tras unos 650 kilómetros, el promedio se quedó en 6,2 l/100 km.

El Outlander supera las dos toneladas, pero acelera de 0 a 100 km/h en menos de ocho segundos.

El sistema híbrido funciona de tres maneras distintas. En modo eléctrico, el coche se mueve solo con los motores eléctricos. En modo híbrido en serie, el motor de gasolina actúa como generador para producir electricidad. Y en modo híbrido en paralelo, el motor térmico y los eléctricos trabajan juntos cuando se necesita más potencia.

El conductor también puede elegir entre varios programas de gestión energética: Normal, EV, Save (para guardar batería) o Charge, que recarga la batería mientras se conduce, aunque a costa de aumentar el consumo.

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La transmisión es automática y el conductor dispone de unas levas tras el volante que no sirven para cambiar de marcha, sino para regular la frenada regenerativa. Hay cinco niveles distintos, denominados B1 a B5, que determinan cuánto frena el coche al levantar el pie del acelerador y cuánta energía se recupera.

Otro elemento clave es el sistema S-AWC (Super All Wheel Control), la tracción total inteligente de Mitsubishi. Las ruedas delanteras pueden recibir potencia del motor de gasolina, del motor eléctrico o de ambos a la vez, mientras que el eje trasero se mueve únicamente con el motor eléctrico. El sistema distribuye el par entre ruedas para mejorar la estabilidad y la motricidad en curva.

Toneladas de aventura

Todo esto mueve un vehículo que pesa 2.075 kilos, pero aun así es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 7,9 segundos y alcanzar 170 km/h.

Dentro, el Outlander apuesta por un ambiente tecnológico pero funcional. El salpicadero está dominado por dos pantallas de 12,3 pulgadas, una para el cuadro de instrumentos digital y otra para el sistema de infoentretenimiento. Curiosamente, ambos elementos proceden directamente del Nissan X-Trail.

Mitsubishi ha tomado una decisión que muchos conductores agradecerán: mantener mandos físicos para el climatizador. Es un detalle pequeño, pero permite ajustar la temperatura sin navegar por menús en la pantalla.

El interior transmite buena calidad y ofrece mucho espacio. Las plazas traseras destacan por su amplitud para las rodillas y la altura disponible para la cabeza, además de contar con salidas de aire y tomas USB-C. Los respaldos pueden inclinarse, aunque la plaza central resulta menos cómoda.

Entre los asientos delanteros hay huecos para objetos, carga inalámbrica para el móvil y varias conexiones. Además, el coche incluye carga bidireccional, lo que permite utilizar la batería del vehículo para alimentar dispositivos eléctricos de hasta 1.500 vatios: algo especialmente útil en actividades al aire libre.

En marcha, el Mitsubishi Outlander sorprende por su silencio y suavidad. La suspensión tiene un ajuste intermedio que absorbe bien los baches y controla el balanceo en curvas. La dirección eléctrica y los frenos ventilados cumplen con solvencia, logrando un equilibrio razonable entre confort y eficacia.

El conductor puede elegir entre siete modos de conducción —Eco, Normal, Power, Tarmac, Gravel, Snow y Mud— que modifican la respuesta del sistema híbrido y del sistema de tracción total.

Aunque la mayoría de los usuarios lo utilizará en carretera, el Mitsubishi Outlander conserva cierto espíritu aventurero. Tiene 19,9 cm de altura libre al suelo, protecciones en los bajos y control de descenso de pendientes. No es un todoterreno puro, pero sí un SUV que puede salir del asfalto con cierta tranquilidad.

En ciudad, sus 4,72 metros se manejan mejor de lo esperado gracias a los sensores, la cámara trasera y la vista cenital para aparcar.

El precio del Mitsubishi Outlander PHEV Kaiteki parte de 53.900 euros. Una cifra elevada, sí, pero también el reflejo de un coche que apuesta por una idea clara: que el SUV del futuro quizá no sea totalmente eléctrico… sino algo más complejo. Y también más interesante.